• Mujeres de la Política

Comunicar a Contramano

“…Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad…”

Marco Aurelio ( emperador y filósofo romano 121/180 DC)

por: Dr. Diego Dieguez Ontiveros

Las reglas de la comunicación política nunca existieron por más que se pretenda generar clasificaciones que terminan por agotarnos, ya sea por engañosas , por pueriles o bien por arbitrarias.

La violencia verbal desde el poder o desde la oposición, el uso de la fuerza, la compra de voluntades periodísticas, las estructuras de “compol” gubernamentales fabricantes de gacetillas simplistas, los silencios selectivos, el ocultamiento de lo grave, importante o necesario vs. la exacerbación caricaturesca de lo grave, importante o necesario, la mentira artera, la simulación, la generación de conflictos inexistentes, la apropiación de estrategias jurídico-políticas generadas en falsas denuncias, las delaciones pagas, la manipulación mediática por intereses políticos o meramente comerciales, etc., representan el detrás de escena de cierta alegoría de pulcritud hipócrita.


¿Qué es comunicar bien políticamente?

El éxito comunicacional debe estar emparentado con la claridad política y con los resultados: de lo contrario, cual politeístas ancestrales, creamos nuevos dioses o gurúes distrayendo la atención.

Obviamente que existen reglas ortográficas, pautas para la expresión oral, estéticas visuales, ciertas groserías que se deben descartar pero nada que no se pueda emparentar a las formas comunicacionales lisas y llanas.

Es entonces que sincerar estas cuestiones, o mejor, exorcizar “los demonios” que se han apoderado de la cotidianeidad del poder en su forma pública ( o sea el Estado) podría ser el comienzo de una buena amistad entre la ciudadanía y la clase política.

El enriquecimiento ilícito de los funcionarios, el dispendio exorbitante de fondos públicos en publicidad electoral, la errónea asignación del presupuesto público, los salarios indignos a docentes, el deterioro de la salud pública, el fomento indirecto de la medicina privada, el atraso energético de las sociedades, la indefensión del medio ambiente, la pobreza estructural , el crimen del hambre, la inseguridad ante el crimen común y ni que hablar del producido por los delitos de cuello blanco, el favorecimiento a la banca privada, entre otros temas que hacen a las prioridades de cualquier sociedad moderna, son puestos “en jaque” cuando la comunicación política omite estos temas o bien los trivializa minimizando el verdadero interés que tienen en la cotidianeidad del orbe.

Es ahí donde la INDIGNACION crece, en muchos casos alentada paradojalmente por las mismas esferas de poder público u económico que generan los males.

Y esa indignación, acosada por la alienación de presumir que nunca será atendida, adquiere formas comunicacionales propias.

El Poder, lejos de atender la situación crítica, opta en la disyuntiva de reprimir la expresión criminalizándola o bien apropiándose artificialmente de la misma.

Las muros, los grafitis, los chistes políticos, los afiches, la caricatura política gráfica, el teatro, el cine, ciertos programas de TV, la radio, las memes, las declaraciones en las redes sociales son ejemplos de resistencia ciudadana o contra-comunicacional. Ante esto, como decía antes, la clase política en el padecimiento de sentirse “blanco” de la aguda y salvaje crítica ha tomado cartas sobre el asunto.

En su faz más benévola por así llamarla con cierto manto de piedad ( en comparación con la opción que vendrá a continuación), la clase dirigencial apoyada en sus equipos comunicacionales, imitan esa espontaneidad señalada en los mismos espacios y técnicas utilizadas: memes, caricaturas, pintadas en muros, chistes o humoradas políticas, elección de cómicos o conductores mediáticos pautados que tengan inserción positiva en los hogares, fakenews, falsos perfiles, abogados mediáticos que marquen tendencias en materia de represión a la opinión publicada, jueces o fiscales enamorados de las cámaras y micrófonos ( o bien de los cócteles de las embajadas…) que auguran duras sentencias o privan libertades ilegalmente, cantantes populares, el armado de espacios digitales supuestamente revolucionarios, la asignación de recursos presupuestarios en tendenciosas campañas publicitarias, la generación de programas pseudo periodísticos para armar agenda única y condicionar la opinión colectiva…

En su faz más ancestral y tradicional, renovando la violencia intrínseca del poder en todas sus formas, la clase política traza oscuras tácticas de censura, denostación del que piensa diferente, persecución jurídica del oponente, ridiculización frenética del adversario en la TV, la presión al periodismo independiente presionando a sus auspiciantes comerciales, la utilización de los servicios de inteligencia para prestar colaboración a diferentes poderes estatales en esta cruzada, el incentivo de la represión de la protesta en las calles, las penas severas en mínimas transgresiones con el objeto de disciplinar al disidente, la exposición pública de la vida privada en forma extorsiva, la premiación a policías o militares violentos como forma de comunicar una política de seguridad basada en la mano dura, el direccionamiento de investigaciones fiscales y su “casual” trascendencia mediática…

En definitiva la comunicación política adquiere diferentes ribetes según la necesidad , ideología, objetivos y pretensiones del emisor político.

La política no es la comunicación.

La trascendencia e importancia de la política radica, como ya expresara, en los resultados; aclarando que los mismos deben estar atados o emparentados al bien común, a la generación de soluciones concretas.

Las buenas prácticas comunicacionales, en definitiva, solo aplican a las acciones estatales que cambian realidades.

Es ahí donde la comunicación política conjuga con el “receptor” en un círculo virtuoso…lo demás…es posverdad...que no es otra cosa que una mentira edulcorada…



Dr. Diego Dieguez Ontiveros

Abogado, Investigador y Docente

Director de la Cumbre Mundial de Comunicación Política









Revista Mujeres de la Política año 2 #3 2020

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