• Mujeres de la Política

La lección sobre la naturaleza que nos deja el COVID


“El ser humano es parte de la naturaleza y su guerra contra ella es, inevitablemente, una guerra contra sí mismo. Rachel Louise Carson, bióloga y conservacionista

por Nohemí Magaña @NoemiMagram


El mundo se pausó, la economía colapsó y nuestra salud se afectó.

Así, en pasado. Porque superaremos esta crisis como especie y lo lograremos en conjunto sin importar fronteras, color de piel, raza o qué tan fuerte sea la economía en cuestión.

Es cierto que miles de vidas habrán perdido la batalla contra el Covid, pero también existirá el renacimiento. Porque el virus nos demostró la fragilidad de nuestro ser, lo importante que es el trabajo en el hogar y lo pesado que es para ser carga de una sola persona, nos enseñó que es posible mantener contacto con las personas sin importar la distancia, que el conocimiento siempre está al alcance de la palma de la mano y que la paz espiritual es un requisito indispensable para mantener el equilibrio personal.

Nos demostró en poco tiempo y con gran impacto la importancia de cuidar nuestros ecosistemas, porque a lo largo de muchos años nos hemos dedicado a invadir, alterar y dañar cualquier hábitat que se interponga entre nosotros y la posibilidad de generar riqueza; y no hay mayor riqueza que un medio ambiente sano.

Lo aprendimos de mala manera: con meses de cuarentena, reducción de empleos y vidas perdidas. ¿Vamos a esperar a que ocurra una catástrofe de mayor magnitud para aprender la lección más importante en relación con nuestra forma de desenvolvernos con nuestro entorno?

La relación existente entre el Covid y la destrucción de hábitats es relativamente sencilla de explicar, pero muy compleja de atender. El ser humano, en su búsqueda de economías cada vez más fuertes y riquezas más grandes, se adentra en los ecosistemas para obtener de ahí, materias primas que permitan generar productos o servicios.

Se cazan animales para venta, se destruyen bosques para obtener maderas, se modifican trayectorias de los ríos para facilitar el acceso de este recurso vital a la sociedad. Con cada paso que damos para adentrarnos en esos hábitats, estamos generando desequilibrios. Si la armonía se pierde, las interrelaciones entre seres vivos comienzan a tener alteraciones. 

Estas alteraciones inmediata o lentamente se ven reflejadas en la especie humana, porque somos parte de un todo y dueños de nada; es así que el chimpancé que fue cazado ilegalmente y cuya carne se comercializó en un mercado de vida silvestre, inicia enfermedades que pueden convertirse en pandemias como las que hoy estamos viviendo. 

Acciones que parecieran ser insignificantes si las hiciera una persona, adquieren importancia por la replicabilidad entre millones. La sobrepoblación humana es una realidad con diversos efectos negativos, pero aún es poco entendida y atacada. 

Si bien es cierto que la economía no puede frenarse, también lo es que existen mecanismos alternativos para evitar dañar a nuestro medio ambiente, y de ser posible este intercambio de actividades debemos comenzar a regularlas. Legislar es un paso importante para mantener los equilibrios ambientales, poner normas y estándares de calidad irrompibles y sanciones severas a quien incumpla; lo anterior permite tener una mejor estadística de la biodiversidad e información adecuada para la toma de decisiones transversales. 

Estamos intrínsecamente conectados, nuestra relación con otras especies es mucho más profunda de lo que entendemos, el reto es lograr que se destine el presupuesto adecuado a las carreras científicas en este ámbito y que el conocimiento generado permee en la sociedad y en la toma de decisiones.

El cambio climático es el más grande reto global que tenemos como humanidad, si no entendemos esto como una llamada de atención, la próxima vez tal vez el planeta no nos hablará ¡nos gritará!, y nos demostrará con grandes consecuencias lo mucho que hemos dañado a la naturaleza, nuestra incapacidad por observar lo verdaderamente importante y nuestra culpa por ser omisos, porque nuestra salud depende en gran parte del medio ambiente.

Es egocéntrico y absurdo pensar que somos los únicos seres vivos y que este planeta se creó sólo para nuestro beneficio: compartimos historia, hábitats, momentos. Esta es, para mí, la lección mundial que nos deja el coronavirus. 


Revista Mujeres de la Política año 2 #4 2020

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