• Mujeres de la Política

SON LAS MUJERES, ESTÚPIDO (I) El desnudo que lo cambió todo, para todos


Hedy Lamarr

Por Ruben Turienzo

La primera persona en desnudarse completamente e interpretar un orgasmo en la historia del cine fue, como los patrones sociales mandaban, una mujer. Ella nunca renegó de dicho acto, puesto que aquellos que intentaron convertirla en un producto de consumo íntimo y bajeza moral, para acallar su extraordinaria inteligencia, no supieron vaticinar que acababan de crear algo inesperado: el arma de control social definitivo.

Hedy Lamarr, que así se llamaba la audaz actriz de Hollywood, era ingeniosa, perspicaz, atrevida, atractiva, curiosa y siempre era la primera en participar en conversaciones sobre ingeniería, matemáticas o ciencias. Le gustaban dos cosas por encima de todo: inventar y actuar. Aunque un entorno machista y sectario sólo veía en ella unas facciones irresistibles, por lo que conseguía más respeto, consideración y prestigio en la actuación que en su perfil creador. De hecho cuentan que tras una conversación con un director de cine, en la que Hedy le aleccionaba sobre cómo generar un nuevo sistema de pantallas lumínicas para mejorar la luz de las películas, este respondió con la propuesta de su desnudo en la gran pantalla. La idea de la actriz tardó en producirse para el cine veintiocho años; su orgasmo en cinemascope, veintiocho días.

Sin duda uno de los episodios más emblemáticos de esta descabellada situación se vivió en 1942, cuando Hedy estaba en la cumbre de su carrera como actriz, pero quería ayudar de alguna forma en la devastadora guerra que asolaba el mundo. Meses después del ataque japonés a Pearl Harbour que conmocionó los EEUU, se obsesionó con la idea de que los aliados lograran comunicarse sin ser interceptados por los enemigos. Lamarr se puso manos a la obra y junto con George Antheil patentaron una idea llamada "Sistema Secreto de Comunicaciones", que era un sistema que cambiaba las frecuencias de radio de manera programada y si alguien estaba escuchando se percibían pequeños sonidos antes de que cambiara de nueva cuenta.



Para todo el mundo aquella creación era “la de la actriz”. La idea se metió en un cajón y a los pocos ingenieros en telecomunicaciones que se les escuchaba alguna palabra en defensa de esta iniciativa se les ignoraba, ridiculizaba e incluso se les cambiaba de destino. No obstante, a pesar de que en ese momento los militares no utilizaron su sistema, décadas después -en los 60´s- se convirtió en el método más efectivo y barato para crear tecnologías seguras. El primer ejemplo es que se usó para desarrollar comunicaciones militares inalámbricas para misiles guiados, pero su contribución más grande fue que este sistema fue el precursor de los teléfonos celulares y el Wi-Fi.

Esto no es nuevo. Millones de mujeres en nuestra sociedad luchan cada día por ser consideradas válidas en áreas profesionales de distintas índoles, como en el caso que nos ocupa en esta revista, la consultoría política. No me cabe duda de que no faltarán nunca quienes acusen a nuestras colegas de falta de experiencia, poco colmillo o demasiados escrúpulos. He llegado a ver incluso en un cuarto de guerra cómo un grupo de doce hombres se vanagloriaban de la no presencia femenina ante la consigna “esto no sería lo mismo”. Exacto amigos, no sería lo mismo. Sería mejor. Y no necesariamente porque por ser mujer se puedan tener mejores ideas ni ser mas sensibles, accesibles o empáticas con el entorno y la sociedad. Sino porque se desaprovecha sistemáticamente la mitad del talento mundial solo por el género de quien propone una idea. Es ahí donde reside la verdadera injusticia.

He asistido con vergüenza cómo en países como México algunas candidatas debían presentarse como: “ni hija, ni mujer, ni amante”, para hacer valer su talento y eliminar una etiqueta supuestamente habitual en las mujeres políticas del país norteamericano. He experimentado cómo cuando a compañeros consultores les pides nombres para completar un cartel en un congreso de comunicación política no tardan ni veintiocho segundos en sugerirte diez masculinos, pero tras insistirles pueden pasar veintiocho horas en recomendarte apenas dos femeninos. Y creedme, lo lamentable no es el machismo que pueda residir en esos comportamientos, ocultos incluso en justificaciones logísticas o de convivencia, lo verdaderamente preocupante es que todas esas ideas, creaciones, innovaciones, apuestas, respuestas, feedbacks y propuestas se van al éter de lo secundario solo por ser una mujer quien las pronuncia.

Seguramente si estás leyendo este artículo estás de acuerdo con esta premisa, pero más allá de lo teórico, reflexiona acerca de tu equipo, de tus colaboradores, de tu entorno. ¿Estás desaprovechando oportunidades y talento solo por el género de quien firma? ¿Estás contando con todo tipo de personas? Recuerdo cómo BMW cambió el sistema de apertura de los coches para crear los mandos que al día de hoy todos utilizamos. La idea la proporcionó un ingeniero que llevaba 35 años trabajando en la marca. La semilla de dicha idea, una conversación con su nieta. Todo el mundo cuenta. Todo el mundo aporta.

Cuentan que Hedy Lamarr recibía miles de cartas tras su desnudo en la gran pantalla. Ella hacía tres montones: uno para las que iban directamente a la basura; el segundo era de aquellas personas que por su estatus social podían financiar sus investigaciones e inventos; el tercero, de ingenieros o técnicos que pudieran ayudarla en la creación de dichos inventos. De aquella montaña de cartas con proposiciones sexuales o de matrimonio surgió el contacto con George Antheil. De aquella pila de deseos desaforados y propuestas de contacto, consiguió una cena en la que Sir Edwin Blackwood ofreció la financiación necesaria para el sistema de comunicaciones que Hedy estaba ideando. Ella accedió a conocerle. Nunca hubo intención más allá de la intelectual y ambos forjaron una amistad que duraría toda la vida.

El wi-fi y la tecnología móvil, el mayor arma electoral de nuestros días, se construyó gracias al ingenio de Hedy y el uso de su creación. También gracias a aquella cena y a la estrategia de los tres montones. Aquel desnudo que intentaba denigrarla generó una oportunidad que ella supo aprovechar y con ello cambió el mundo. Para todos.

Hedy Lamarr. Extrema belleza e intelecto. Nunca eligió bando de tan ridícula diatriba. Ahora su nombre se puede ver en dos rincones de tributo a la fama: el Paseo de Hollywood y el Muro de Inventores de EEUU. Ella aprovechó su oportunidad y le dio la vuelta a una situación injusta.

Así que escúchame, estúpido: son las mujeres. Peor que no tomar en cuenta su talento es subestimar la capacidad de una persona que siente verdadera pasión por lo que hace. Ellas siempre encontrarán el camino.



Ruben Turienzo

Rubén Turienzo

Escritor, conferenciante y formador especializado en Influencia social y Actitud Positiva en empresa y política.

WEB: rubenturienzo.com

TW: @rubenturienzo

FB: ruben.turienzo

MAIL: info@rubenturienzo.com


Revista Mujeres de la Política año1 #2 2019

www.mujeresdelapolitica.org

orgmujeresdelapolitica@gmail.com

TW: @MujerdPolitica

FB: @MujeresdelaPolitica

Insta: @MujeresdelaPolitica

37 vistas